Taller de Escritura Creativa

Taller de Escritura Creativa

martes, 30 de julio de 2013

Llegando a Casa

Voy tarde, tres estaciones del metro y un camión, son ya algo normal de lunes a viernes, estoy  emocionado por llegar.
     Martín Carrera, mi última parada, ya estoy cerca. Camino, pasan rostros conocidos, muestro una ligera sonrisa,  no debe notarse  mi falta de tiempo.
     Palpo entre mis útiles: cuadernos, plumas… mi credencial debe estar ahí. Ese pequeño plastiquito ¡cómo da problemas!, burlándose de mí la credencial hace su aparición entre mis cosas. Dos metros más y estoy dentro. El verde de los árboles me entretiene, olvido que es época de primavera. Sigo caminando, ahora a un paso más acelerado, cruzo un vestíbulo lleno de gente que sabe cómo matar el tiempo, me veo obligado a esquivar a una pareja.
     Subo unos cuantos escalones, los suficientes para llegar a mi clase, pero antes observo por la rendija: la clase  ha comenzado, abro la puerta, al instante una voz sabia y llena de experiencia me dice que puedo pasar, sí, es la voz que nos obsequia algo día a día, podrá ser poco pero es valioso para mí. Saco mis útiles, intercambio saludos y así es como comienza el momento esperado del día.
     Las horas transcurren, desde las ventanas del salón  el Sol comienza a despedirse, la escuela empieza a vaciarse, compañeros se van y unos cuantos tienen el placer o la desdicha de disfrutar unas horas más de estudio.
      La noche ha llegado y con ello la hora de irse de casa, mi casa, la casa de todos, la casa que día a día abre sus puertas a jóvenes entusiastas, jóvenes con esperanzas de un mejor futuro, jóvenes libres.  Así es la U.N.A.M
      Así es Prepa 3.
Diego Ibarra

Grupo 660

La curiosa ecuación del esfuerzo

Ya era Abril,  por fin el descanso  se acercaba con la promesa de ser largo, muy largo. Sin embargo, algo tenía  que echar  a perder esos planes: no podía irme tranquila sin saldar  mi deuda con señora Matemáticas. Creo que sobra decir quién era la responsable: era mi maestra más mala del mundo, quien  interesada en su labor  nos hacía trabajar  y razonar cada detalle de la clase. Yo creía que las Matemáticas  eran  para genios o para una minoría,  igual que el Arte. Para mí, cada clase era un infierno, mientras todos estaban encantados o, al  menos trabajaban en ella, lo único que yo anhelaba era dormir como oso en tiempos de invierno.
     El examen estaba  casi frente a  mí sin piedad ni cuestionamientos sobre lo que pensaba o sentía. Era mi enemigo particular,  pero ya saben lo que pasa cuando la Geometría se estudia al vuelo de las moscas de tu cuarto. Adiós vacaciones.
     Meses antes, la maestra  había  mencionado que todos podíamos entender las Matemáticas porque teníamos capacidad, que  ni en sueños íbamos a ser grandes sin fracasos o  sin esfuerzo. No creí tal utopía. Con frecuencia se piensa que las personas  interesadas en el Arte y sus “baratijas”,  por  naturaleza,  no son compatibles con el  común de las ciencias u otras ramas. Yo estaba en ese grupo de extraños.
     Ésta iba a ser la última oportunidad que la maestra nos proporcionaba, si no deseábamos darle la bienvenida al  extraordinario.
     Al momento de poner mi nombre  en el examen, estaba decidida a conquistar esas preguntas con mi esmero; expresé con números lo que nunca pude creer que podía hacer  todo este tiempo, me di a conocer  incluso al cuadrado.
    Después de un nueve perfecto, no  había manera de  objetar que era mío y  se debía a mi esfuerzo  (meses antes lo habría considerado un milagro).
Mi maestra más mala de la Preparatoria 3 “Justo Sierra” (creo que no era la única), lo era porque confiaba en la capacidad de sus alumnos y no sólo nos hizo entender,  sino también demostrarnos que  podíamos lograr  metas  si quitábamos  límites y prejuicios. Después de esta experiencia comprendí que no éramos un saco por llenar: somos todo un universo por descubrir.
A veces el mundo se subestima demasiado como para creer que mejorar es siempre una posibilidad palpitante.
                                                                                                        Blanca Paola Vázquez de la O

                                                                                                    

Crónica de un Alto Impacto

Como siempre, todo conspiraba a su favor. Su clase era variada, sentado junto a él, un recursador  de área IV, fue quien complementó su definición de arte, sólo  tuvo que esforzarse por comprender y desglosar  rápido, el de ciencia.
     Obtuvo, como resultado de un interesante proceso en su cognición: La diferencia que separa al Arte de la Ciencia es la forma en que uno y otro se concibe. Al Arte se le aplica una técnica, mientras que a la Ciencia, una metodología celosa ante cualquier modificación en la jerarquía por la que está construida.
     Aquel joven adquirió una postura desafiante, su mirada se clavó en la del profesor, éste no aceptó su actitud retadora y comenzó a disparar preguntas esperando que Emilio se sonrojara al no encontrar una respuesta aceptable.
     No se dejó opacar por el impacto; tratando de no trastabillar y evitando las constantes divagaciones, sacó lo aprendido en ese mismo salón de clases. En cada ladrillo estaba la respuesta a lo que el sanguinario señor le preguntaba.
     La guerra no duró mucho; sin embargo, a Emilio le pareció una vasta serie de batallas que lo dejaron fatigado.
     En el fondo, el alumno sabe que la exigencia con que el profesor se dirige a él, no le hace daño, al contrario,  incrementa su intelecto.
                                                                                                                    
                                                                                                                        Olga Martínez Flores

                                                                                                                         Grupo 603

Instantáneas


Cambio de clase
Cual si fuera “hora pico en el Metro”, los pasillos están repletos. Risas, gritos, juguetones pleitos, jóvenes que entran al salón con el reloj en una mano y las tareas en otra. Hay sorpresa, a veces desesperación o tristeza; dudan de entrar en el recinto o retirarse resignados. Toda la algarabía se apaga lentamente y deja tras de sí un atroz silencio que espera pacientemente el cambio de clase.

Laboratorio
Entre flotantes fetos y animales incompletos, se desarrolla la clase de Biología. Y en ella se estudia analíticamente los procesos en los seres vivos. Indagando y participando se llega a una conclusión grupal. Satisfechos, alumnos y maestro, se preparan para repetir ese maravilloso ciclo del conocimiento.

               Bernardo Monroy
                                                                                                                                 Grupo 651


La cactácea

En mi prepa hay un nopal, milenaria planta de estas tierras. Domina el panorama desde la entrada. Sus frescos frutos calman “la sed del sediento” y “el hambre del hambriento”.
     Como él, uno bebe y se alimenta de la boca de los profesores en las aulas, de los sabios libros en la biblioteca, en las charlas con los compañeros y hasta en el bullicio de  los pasillos. Al poco tiempo,  también somos frutos que calman la sed y el hambre de sabiduría.
     Simbólicamente y con melancolía, al terminar nuestro camino por aquí, dejamos algo de nosotros en ese nopal.
     Claro que nunca seremos tunas, y nunca cabríamos todos en un solo nopal, pero la cactácea se llena cada fin de año de colores diferentes, cada chicle adherido a él por jóvenes manos es una persona, cada persona un universo, y todos nutridos con la certeza de saber que, cual retoños de planta, absorbemos las enseñanzas con la esperanza de, algún día, dar frutos que representen la creación del conocimiento.
                                                                     
  José Luis Rendón
                                                                                                         

93 puntos


Mi paso por la Prepa no ha sido extraordinario porque también viajo en camión y como tacos Alexis en la cafetería, pero todo, de principio a fin, ha valido la pena. He tenido tantas y tan diversas experiencias: Prepa 3 ha marcado un hito en mi vida.
     El día que revisé mis resultados del COMIPEMS, me levanté temprano para comprar la gaceta donde venía el listado de aspirantes con sus respectivos resultados. La gaceta era enorme. Había miles y miles de aspirantes, desgraciadamente, muchos no alcanzaron los puntajes requeridos. Sé lo que se siente porque el año anterior me había pasado algo similar. Pero este año sería diferente. Elsy Estrada: 93 puntos. Y yo, feliz porque ya era parte de la máxima casa de estudios: la UNAM. Me sentí tan orgullosa como ahora, solo que entonces, aparte de la gran emoción, no había vivido nada como la universitaria que soy.
     Sin duda depende de uno lo que se aprende y lo que no. Pero hay de maestros a profesores. Están los que te enseñan bien y te hacen la clase llevadera; los que entre más te enseñan más ganas tienes de saber; los que simplemente te hacen pensar que pierdes tu tiempo en su clase; a los que ves y te da una crisis nerviosa porque son muy exigentes… En fin, creo que a todos nos ha tocado al menos uno  de ellos y, tras reflexionar acerca de mi estancia en este plantel, creo que aunque haya aprendido mucho o poco en estos tres años, no es suficiente porque aún me falta mucho camino por recorrer.
Elsy Estrada

Grupo 660

Días perros



Yo soy realmente feliz aquí. No tengo amo, pero tengo muchos quereres. De vez en cuando uno de ellos me da comida, de vez en cuando juegan conmigo, de vez en cuando me hacen mimos y de vez en cuando tengo nombre.
     La luz no me deja dormir. Escucho voces a lo lejos. Pero, ¡Ya! Basta de quejarme. Hoy es un nuevo día para aprovechar.
     Miro mis patitas, alargo la mirada, ¡oh! ¡Una paloma!
    En mi carrera se asoman los LACE, la Biblioteca, el Edificio B y ventanas hasta llegar al Gimnasio.
    ¡Rayos! Se fue.
   Hay mucha gente, creo que ya es el cambio de turno, voy a la cafetería.
- ¡Pulgas!- Corro al escucharla, es quien siempre me da las sobras de su comida, además de un exceso de cariño. La veo irse, tiene prisa, creo que también, una clase.
                                                                                     
                                                                                                                   Ofelia Mancilla Rendón

                                                                                                                    Grupo 660